Cada uno de nosotros estamos llamados a celebrar “algo” en este año, sería bueno que nos demos la oportunidad de informarnos sobre los acontecimientos que nos llevaron a la libertad, no con fines a obtener sólo conocimientos histórico-culturales, sino a ver con nuevos ojos los hechos, ocurridos en un espacio y tiempo determinado pero que seguimos arrastrando incluso en nuestros días y de los cuales somos herederos, para así involucrarnos más en la sociedad de la cual gozamos hoy libertad.
De un tiempo a la fecha, se ha vuelto común que entre las notas sobresalientes de los medios de comunicación se retomen los casos de escándalos sacerdotales y con especial énfasis los referentes a abusos sexuales a menores. Esto nos exige replantear algunos puntos especiales: 1º. Dimensionar los hechos, 2º. La iglesia y su implicación ante estos sucesos y 3º. La actitud que debemos tomar.
Cada uno de nosotros estamos llamados a celebrar “algo” en este año, sería bueno que nos demos la oportunidad de informarnos sobre los acontecimientos que nos llevaron a la libertad, no con fines a obtener sólo conocimientos histórico-culturales, sino a ver con nuevos ojos los hechos, ocurridos en un espacio y tiempo determinado pero que seguimos arrastrando incluso en nuestros días y de los cuales somos herederos, para así involucrarnos más en la sociedad de la cual gozamos hoy libertad.
Detrás de Miguel Hidalgo como el caudillo, el libertador y el héroe, está el sacerdote, el teólogo, el maestro y el hombre.
Hubo un hombre extraordinario/ parecido a todos y a todos diferente,/ como todos vivió en el mundo, y a diario/ ¿quién lo dijera? Viendo a Dios frente a frente. Pero, por humildad bajaba la digna frente/ ante la maravilla del misterio entre sus manos/ misterio que trasciende las potencias de la mente,/ facultad también que envanece a los humanos.